13 mar 2012

Usted


Dédalo de la Fuente


Aquella flor tenía el mismo semblante que usted
  bella
            dulce
                y tierna
al verla por vez primera
logró quedarse en mis pensamientos
     no la flor 
               si no usted.


6 mar 2012

Aniversario de un Maestro: Oswaldo Guayasamín


Liseo González

“He pintado como si gritara desesperadamente,
y mi grito se ha sumado a todos los gritos que
expresan la humillación, la angustia del tiempo
que nos ha tocado vivir”

Oswaldo Guayasamín, nació en Quito, capital del Ecuador, el 6 de Julio de 1919. Fue el mayor de diez hermanos, de padre indígena de ascendencia quichua y madre mestiza. Durante su difícil infancia le tocó sufrir los prejuicios de tener un apellido de origen indígena.

Guayasamín, de ascendencia humilde, despertó desde muy temprana edad su aptitud por la pintura; su inquietud se despertó haciendo caricaturas de los maestros y compañeros de escuela. Posteriormente, y luchando contra el escepticismo de su padre, se gradúa de Pintor y Escultor en la Escuela de Bellas Artes de Quito. Realizó su primera exposición a sus escasos 23 años, en 1942. En 1943, después de recorrer durante un año los principales museos de Estados Unidos, viajó a México, donde conoció a José Clemente Orozco, del que fue alumno y a Pablo Neruda, con quien entabló una profunda amistad. Obtuvo en su juventud todos los Premios Nacionales y fue acreedor, en 1952, a los 33 años, del gran premio de la Bienal de España y más tarde del Gran Premio de la Bienal de Sao Paulo. Fue declarado el pintor iberoamericano por una cumbre de Jefes de Estado en La Habana, Cuba.

Su estilo realista, es uno de los más importantes estilos en el mundo del arte. Guayasamin era un gran humanista, un hombre humilde que entendía el alcance de un pintor y sabía proyectarse. Usó sus pinturas no solamente para abogar por los derechos humanos sino también para humanizar a nuestra sociedad representando ese dolor, esa rabia, esa angustia y esa reflexión de los más humildes. Transformó los colores y los lienzos en una epopeya, es decir, el hombre Latinoamericano. Nunca fue una persona de esconder su afiliación política, de la que estaba orgulloso.

Antes de adentrase en sus obras, tengo el deber de hacer la misma recomendación que algún día hiciera Pablo Neruda: “Pensemos antes de entrar en su pintura porque no nos será fácil volver.” Así es, no nos será fácil.

Sus obras se pueden ubicar en tres etapas:

“Huaycañan” (palabra quichua, que traducida significa “Camino del Llanto”), pintada de 1946 a 1952, está compuesta por 103 cuadros y un mural, es una visión de las etnias que componen el mestizaje americano: los indios y los negros, con sus culturas y sus expresiones de alegrías, tristezas, identidad, tradiciones y religión sobre todo de los países andinos, Perú, Bolivia y Ecuador.

 

“Vengo pintando desde hace tres o cinco mil años, más o menos. Y mi pintura es de dos mundos. De piel para adentro es un grito contra el racismo y la pobreza; de piel para fuera es la síntesis del tiempo que me ha tocado vivir.”


 “El Mestizo”


“La edad de la ira” entre 1961 y 1990, compuesta por 150 cuadros de gran formato, dentro de esa serie hay colecciones en torno a una misma temática: la denuncia de la violencia del hombre contra el hombre en este siglo. En ella se encuentran “Las manos” (12 óleos), “La espera” (11 óleos), “Mujeres llorando” (7 óleos), “Los Mutilados” (6 óleos), “Ríos de Sangre” (3 óleos) y “Reunión en el Pentágono” (5 óleos).

“Las Manos”

“Mi pintura sirve para herir, para arañar y golpear en el corazón de la gente. Para mostrar lo que el hombre hace en contra del hombre.”

                           “Ríos de Sangre I”                                            “Ríos de Sangre II”

                                                     “Ríos de Sangre III”

 “Reunión en el Pentágono”

“La Espera”
 “Si no tenemos la fuerza de estrechar nuestras manos con las manos de todos, si no tenemos la ternura de tomar en nuestros brazos a los niños del mundo, si no tenemos la voluntad de limpiar la tierra de todos los ejércitos; este pequeño planeta será un cuerpo seco y oscuro.”


 
”Hispanoamérica” 1982. Mural en el aeropuerto de Barajas, España.









“La Edad de la ternura” (“Mientras vivo siempre te recuerdo”), está es la tercera colección con más de 100 obras, que pintó desde 1988 hasta 1999, es un homenaje de amor a su madre, a las madres, como símbolo de defensa de la vida.


          


“La Madre y el Hijo”

Guayasamín nos dejó como legado su obra humanista, considerada como expresionista que refleja el dolor y la miseria que soporta la mayor parte de la humanidad y denuncia la violencia que le ha tocado vivir al ser humano de este siglo XX marcado por las guerras mundiales y civiles, los campos de concentración, los genocidios, las dictaduras y las torturas, es una obra que deslumbra y estremece. 

También dibujó a muchas personalidades, entre ellos Fidel y Raúl Castro, Francois y Danielle Mitterrand, Gabriel García Márquez, Rigoberta Menchú, Atahualpa Yupanqui, entre otros.

Guayasamín falleció a los 79 años de un paro cardiaco en Baltimore, Estados Unidos, el 10 de marzo de 1999. Cumpliendo con su expresa voluntad, los restos de Guayasamín reposan en una olla de barro resguardados por el árbol que él mismo sembró, llamado el Árbol de la Vida, que se encuentra en La Capilla del Hombre.

El Maestro Guayasamín dijo: “Mantengan encendida una luz que siempre voy a volver”, a lo que le podemos responder, ¡Maestro, usted nunca se fue, sigue aquí con nosotros! Y hoy en su décimo tercer aniversario, lo recordamos.

Anhelo

K.V.


Su alma se secó, poco a poco,
como la gota que se derrama
en el resplandor de la sombra;
sus esperanzas presas nadie tocó,
y su vida muerta proclama
la libertad de su alma que ama.

Llegó la hora


Dédalo de la Fuente


La muchedumbre se amotinaba
en una noche de abril
preocupada por las muertes
diarias que hay en mi país.

Veían morir a sus hijos
a causa de una lucha injusta sin cuartel
que el Gobierno ultraderechista
utilizó para sostener el poder.

Oh
por qué ya no siembran los campesinos
en sus tierras el alimento cotidiano
y en lugar de ello  siembran
amarguras y llanto.

Por qué el obrero que
trabaja con esmero
muere sin consuelo.

Por qué los pobres
del campo y la ciudad
no entienden que tenemos que luchar.

De pronto una voz  fulminante
de un hombre entre la masa
se alzó con gran estruendo
y dijo firmemente

No más pobreza
no más miseria
para esta patria mía.

Vamos proletarios
del campo y la ciudad
si alguien tiene que morir
que muera por  libertad
trabajo y pan.

Desterremos a los falsos redentores
y tomemos las riendas del porvenir
que el futuro de nuestros sucesores
tiene que ser feliz.

Eduquemos al pueblo
organicemos a los mejores
porque ha llegado la hora
de luchar por la emancipación
de los pobres.

Pongamos nuestro grano
luchemos con tesón
para que vivamos en un México mejor.

Dejemos el individualismo
y nuestro actuar pequeño burgués
que la hora ha llegado
para que luchemos
por un país menos cruel.

Luchemos ahora
porque así lo exige
la necesidad
por un mejor país
para los desheredados
del campo y la ciudad.

Eco

Quijano de la Rosa


Dadme el silencio, el agua, la esperanza;
dadme la lucha, el hierro, los volcanes;
acudid a mis venas y a mi boca como iguales,
y hablad por todos los pueblos, por mi sangre en lontananza…




Hecho inadvertido: la prepotencia presidencial


Ricardo Flores Ríoblanco

¿Cuántas veces hemos tenido la oportunidad de reclamar a nuestros gobernantes, nuestras inconformidades? Al pueblo pobre y trabajador  le esta vetado el alzar la voz, se le cierra la boca y cuando grita tratando de llamar la atención, se le tacha de alborotador y mal educado por los más “entendidos”, que el sistema promueve como “defensores de la libertad de expresión”.

Al pueblo le hacen falta espacios en donde se escuche su voz, pero le hacen  más falta gobernantes que lo escuchen y atiendan, que sean sensibles ante el sufrimiento de los que crean con sus manos callosas la riqueza nacional y que hacen patria con su sudor. Recientemente, al Presidente Calderón le fue interrumpido un discurso ante empresarios; el “vociferante” como lo llamó Calderón, fue Tonatiuh Moreno Ramos, estudiante de la Maestría en Comunicación de la Ciencia y la Cultura del Iteso.

Visiblemente ofendido por la interrupción, el Jefe del Estado Mexicano, le dijo que no había necesidad de vociferar, pues él dirigía un estado donde la libertad de expresión estaba permitida, y donde el dialogo era la principal forma de gobernar; Calderón, después de afirmar que había espacios disponibles para que el dialogo entre autoridades y ciudadanos se diera, pidió que antes de hacer cualquier tipo de reclamo, se racionalizara, que hubiera argumentos de por medio y no solo “gritos”, además de pedir, que le dejasen seguir conduciendo el país a su manera, pues era la más acertada y que ni él, ni su gobierno, estaban “cruzados de brazos”.

 A pesar de haber causado un disgusto al presidente, del hecho no se habló casi en los medios de comunicación, pasó casi inadvertido, así mismo la actitud prepotente del Presidente, que abusando del estrado, arremetió contra el inconforme llamándolo “manejado” e “ingenuo”, que dijo, se le llamaba de otra manera en su tierra, pero que estaba en “público”(sic!), ridículo intento de cachetada con guante blanco, insulto contra cualquier intento de crítica proveniente de la sociedad. 

Dejo por último, el párrafo final de  la carta que escribió Tonatiuh Moreno Ramos, esperando que urja a los tres lectores de Voz Activa a defender la verdad: “Muchos mexicanos estamos hartos del lenguaje de las balas y la sangre, y preferimos el de las palabras, aunque a veces tengan que gritarse. ¿Qué logré? Quizá materializar la voz de muchos que queremos que las cosas cambien. No sabía si el incidente terminaría con el silencio y mi detención o habría otras repercusiones. Creo que por lo menos logré que se reavive el debate, volver a darme cuenta de que somos muchos los que no estamos conformes y que podemos alzar la voz. El mundo ha cambiado y podemos cambiarlo. Iniciativas como la del Túmin o espacios como Nuestra Aparente Rendición dan esperanza y cada vez hay más indicios. Cada vez somos más los que creemos que otro mundo es posible.”

       

28 feb 2012

La Capilla del Hombre


Liseo González
"Soy consciente de que venimos de una cultura milenaria,
alrededor de la cual se formó una civilización
que alcanzó momentos de gran esplendor."

La Capilla del Hombre fue el proyecto más importante del pintor y escultor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín, y en el que trabajó hasta sus últimos suspiros. La Capilla  está ubicada en el ombligo del mundo, en Quito, capital del Ecuador. Es un edificio de 3.600 m2 de construcción en dos plantas: la primera sala dedicada a la época contemporánea y la planta baja a la época prehispánica. 

La Capilla del Hombre es un homenaje plástico a los hombres y mujeres de América y surge como respuesta a la necesidad de rendir honor a los seres humanos, a sus pueblos, a su identidad, a su cultura; al mismo tiempo que es una invitación a la reflexión desde el punto de vista de Latinoamérica. Es un mensaje de compromiso con el hombre, la unidad, la paz y la solidaridad entre los latinoamericanos; los invita a encontrar sus raíces, entenderlas y progresar junto a los demás. Es un antiguo grito de unidad y fraternidad entre los pueblos latinoamericanos, desde México hasta la Patagonia, como un solo país. La obra arquitectónica dedicada a la América cobija algunas de las obras más emblemáticas de su autor.


  







“Rostros de América”                                                                          


El sueño comenzó en 1985, cuando fue concebido por el Maestro Guayasamín. En agosto de 1996 se colocó la primera piedra y tras su fallecimiento en marzo de 1999 la obra quedó truncada, pero la Fundación Guayasamín (creada por el propio pintor en 1976), se encargó de concluirla y el 29 de noviembre de 2002 se inauguró la primera fase del proyecto.


  
Este mensaje de La Capilla del Hombre nos recuerda la fraternidad que debe haber entre los hombres; que aunque estemos mal o tengamos muy poco, siempre habrá alguien que tiene más poco y que necesita de nuestra solidaridad.



  Mural “El toro y el cóndor”          
                                                   
Tantos artistas que nos ha dado nuestra América: los poetas y sus versos, los cantantes y sus letras, los pintores y sus imágenes, los escritores, los intelectuales y Guayasamín con su capilla, La Capilla del Hombre. Guayasamin en sus obras expresa las angustias y tristezas, las penas y  nostalgias de un pueblo, de nuestros pueblos.

 




“Lágrimas de sangre”

Dedicado a Salvador Allende, Pablo Neruda y Víctor Jara, víctimas de la dictadura chilena.
                                                                                                            
Cúpula de La Capilla del Hombre “Potosí, En busca de la luz y la verdad”, fue uno de los últimos trabajos de Guayasamín (quedó inconcluso). 
En un afán de juntar esfuerzos y reunir recursos, se realizó el 7, 8 y 9 de junio de 1996 el concierto Todas las Voces. Evento para recaudar fondos para la construcción de La Capilla del Hombre, y que reunió a muchos artistas latinoamericanos dando prueba del mensaje de fraternidad que representa.

Por expresa voluntad, en este lugar reposan los restos de Oswaldo Guayasamín; una olla de barro resguardada por este árbol que él mismo sembró, llamado El Árbol de la Vida.

“La llama eterna” 
En su interior arde permanentemente la llama eterna por la Paz y la Unidad.

En su segunda etapa, La Capilla del Hombre contará con más de 15,000 m2 de construcción, en un terreno de 20,000 m2. Después de la desaparición física de Oswaldo Guayasamín, se adhirió su Casa Taller y también están en proceso de construcción algunos inmuebles para exponer los descubrimientos que se hicieron el 10 de marzo de 1999 en el terreno donde se ubica la capilla; patrimonio cultural conformado por maravillosas colecciones de arqueología, arte colonial, arte contemporáneo y que conformarán el gran complejo cultural denominado “La Capilla del Hombre”.

De pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad fuimos
testigos de la más inmensa miseria; pueblos de
barro negro, en tierra negra, con niños
embarrados de lodo negro; hombres y mujeres con
rostros de piel quemada por el frio, donde las
lagrimas estaban congeladas por siglos, hasta no
saber si eran de sal o si eran de piedra, música de
zampoñas y rondadores que describen la inmensa
soledad sin tiempo, sin dioses, sin sol, sin maíz,
solamente el barro y el viento.“
Oswaldo Guayasamin