31 oct 2012

Tu recuerdo

Ortega de la Rosa
Sin pensarte te siento
y sin tocarte me miras.
Esas palabras que salen de tu pecho;
que al mirarlas suspiras.
Y tu ser,
tus manos de bondad
que en el tiempo eternizan,
son los recuerdos,
esas sensaciones
que a menudo me acarician.


LA DÁDIVA COMO POLÍTICA DE ESTADO

Abel Pérez Zamorano

Es el nuestro uno de los países más ricos de la Tierra: número trece en superficie, con casi dos millones de kilómetros cuadrados y once mil kilómetros de litoral; nuestros veneros de petróleo aún siguen siendo ricos (octavo lugar mundial en extracción); en producción de plata ocupamos el primer sitio (4,778 toneladas en 2011), y en oro, el noveno (87 toneladas). Somos el sexto productor mundial de camarón (SIAP 2010, CONAPESCA), y decimosegundo en atún (SAGARPA, CONAPESCA). En producción agrícola: primer productor de aguacate ( y primer exportador); segundo en chile (primer exportador) y limón (segundo exportador); cuarto en maíz, sorgo, naranja, fresa y pollo; quinto en mango, papaya, huevo y frijol; séptimo en uva, café, garbanzo (segundo exportador) y carne bovina; octavo en sandía (primer exportador) y en miel (tercer exportador); finalmente, décimo en cebolla (cuarto exportador), jitomate (segundo exportador) y melón (séptimo exportador) (Faostat, Trade Map, 2009). En suma, es la nuestra una enorme riqueza, particularmente en alimentos, pero en medio de tal abundancia 85 por ciento de la población vive en la pobreza; uno de cada cinco, en pobreza extrema. Como dijera el vate zacatecano: Patria mía, en piso de metal vives al día, de milagros, como la lotería.

Y a tales extremos han llegado las cosas, que el gobierno ha debido instrumentar políticas de emergencia para atender a los pobres, mediante programas como: Oportunidades, referente obligado de “política social”; entrega de “despensas”: una bolsa con un kilogramo de frijol, arroz, azúcar y sal, medio litro de aceite, dos bolsas de sopa de pasta, un paquete de leche en polvo, y, excepcionalmente, uno de harina de maíz, repartida cada mes a las familias, y eso no en todo el país. Para los ancianos está Setenta y Más. El sector privado ha encontrado un filón de oro en el Teletón y otras obras de pretendida filantropía, como el regalo de cobijas y chamarras en regiones frías, claro, con la correspondiente fotografía, testimonio de la magnanimidad de los donadores, siendo que ellos son la causa de lo mismo que ahora van a “salvar”; y con esa aureola, las empresas “se posicionan”; logran asimismo deducción de impuestos, y, finalmente, adormecen la conciencia de los pobres, que terminan viéndolos como sus ángeles benefactores.

Pero estos métodos no han resuelto el problema en México ni en parte alguna del mundo, antes bien, el número de pobres aumenta. La historia no registra el caso de un solo país donde el pueblo haya salido de la pobreza con dádivas, pues a lo sumo se atacan los efectos, dejando intactas las causas estructurales: el mecanismo de apropiación y distribución del ingreso. Cuando mucho, se atenúan los efectos más lacerantes de la pobreza. No obstante ello, se aplican para suavizar los efectos de la miseria y tranquilizar el ánimo del pueblo; además, los funcionarios ganan en imagen, y esta política sirve, ésta sí, como un verdadero chantaje y control político sobre los pobres, que ante el riesgo de perder los “beneficios” del “programa”, se ven obligados a plegarse al partido que lo administra.

Programas sociales, una dádiva del gobierno.

Vista con detenimiento, la caridad como política de Estado constituye una afrenta para el pueblo, al que primero se le ha quitado todo lo que con su trabajo creó, y que por tanto a él pertenece, y, ya despojado, se le hace “el favor” de regresarle una migaja, eso sí, publicitada a tambor batiente y con fanfarrias. Es perniciosa también porque mata el orgullo y la dignidad del pueblo, pues no es igual comer el pan ganado con el esfuerzo propio, con base en un derecho, que recibirlo como graciosa dádiva de manos de magnánimo señor. El efecto en la conciencia popular es devastador, pues de un pueblo rebelde y heroico, como lo es el mexicano, se hace uno dócil y sumiso.

Hemos llegado a estos extremos porque la explotación de los trabajadores mexicanos ha rebasado toda medida, comparada con las economías capitalistas avanzadas, al grado de que el sistema atenta contra su base misma, que presupone que el rico viva del pobre, pero éste pueda sobrevivir con su ingreso, algo ya imposible hoy, pues éste no alcanza ya ni para comer; el trabajador no puede obtener con su esfuerzo ni siquiera un salario equivalente al valor de su fuerza de trabajo, de elemental subsistencia. Nuestro capitalismo, desenfrenado y rapaz, ha llevado, en sus excesos, las cosas a un punto tal en que ahora los propios empresarios y su Estado se ven obligados a sostener con ayudas oficiales a ese pueblo que ellos mismos han privado de lo más elemental.

Frente a todo esto, hace falta restablecer el antiguo criterio de apropiación, que otorga la propiedad del producto a quien con su trabajo lo creó, y no como hoy, al dueño de los medios con que se produjo. Es necesario rescatar la dignidad del pueblo, y la solución efectiva es generar empleos, suficientes en número y bien remunerados: según estudios serios, hoy en día, para adquirir la canasta básica el salario mínimo requerido es de 350 pesos diarios; deben garantizarse todas las prestaciones de ley y un sistema de pensiones que permita una vejez tranquila y un ingreso digno a quienes ya entregaron sus energías en la construcción de este país. Se garantizaría así el derecho humano básico al trabajo, que dignifica y permite la plena realización de todas las capacidades potenciales del hombre, y le protege de la destrucción física, mental y moral. Ciertamente, realizar todo esto requiere de una gran conciencia y organización del pueblo, adquiridas en un proceso que no puede ocurrir de un día para otro, y sería una insensatez decir a un pobre que está al borde de la inanición que no acepte despensas u Oportunidades; por el contrario, debe exigirlas allí donde no las haya, e incluso, de mejor calidad, y esto no mendigando, en espera de una limosna, sino, reclamando con dignidad y firmeza, pero sin perder nunca de vista lo esencial: que el problema central a resolver es la injusta distribución de la riqueza, para que en un futuro, en lugar de lo que hoy vemos prive un sistema distributivo decoroso y basado en derecho.

México, D.F, a 16 de octubre de 2012

(Tomado del muro de Abel Pérez Zamorano)

M. González

Hoy soy un hombre diferente,
dos cosas han cambiado dentro de mí:
mis convicciones se templan
y tu belleza me invade tiernamente.

Muchos dicen que me ablando,
que mi luz cada día se hace menos
y que se apaga con el tiempo y la distancia;
por eso creen que mis ganas por luchar se acaban.

¡Todo es mentira!
No saben que has sido tú,
la que ha llegado a dar más luz a mi vida
y ha llenado nuevamente mi mundo de ilusiones.

¡Tú, que con tu sonrisa
haces que todo dentro de mí se encienda e ilumine,
y encauzas así mi camino por mejores senderos!

Mujer en la ventana. Salvador Dalí

El triunfo es del pueblo.

Liseo González

Sin duda, el triunfo del presidente Hugo Chávez Frías en las pasadas elecciones venezolanas dejó atónitos a muchos, pero a la gran mayoría, no tanto, pues, desde antes de las elecciones las encuestas dejaban ver otra cosa. Aun y con la gran ventaja que mantuvo Chávez durante toda la campaña, el presidente nunca dejó de recordar  a sus seguidores que no debían confiarse y que tenían que mantenerse alerta en todo momento. Finalmente el anunciado triunfo llegó y con él la oportunidad de seguir construyendo el gran Proyecto Bolivariano.

Ante el triunfo de la marea roja, el candidato opositor, Henrique Capriles Rodoski, salió a aceptar su derrota y a pedir que se respetaran los resultados, algo que, sin duda, dejó un sabor amargo entre sus seguidores y financiadores nacionales y extranjeros.

En esta ocasión Chávez logró algo más que vencer a la oposición, logró hacer más fuerte la unidad  de Venezuela y hacer más grandes sus lazos con muchos de los países de Latinoamérica. Los retos que ahora se le presentan al relecto presidente son muchos: mantener y hacer más solida la unidad latinoamericana; continuar con los apoyos petroleros a países pequeños; asegurarse de que la riqueza venezolana siga llegando a las capaz mas desprotegidas, y sobre todo,  seguir siendo ese ejemplo de gobierno progresista y desafiante ante los embates de las reacias clases conservadores que se obstinan en recuperar el poder para mantener sus riquezas personales en detrimento de las mayorías.

Hoy la chispa bolivariana brilla con todas sus fuerzas, prometiendo extenderse a muchos países más. Y mientras el pueblo mande, así seguirá siendo.




Brillo Interno


Ortega de la Rosa

Qué hermosas las estrellas que nos despiertan del silencio,
que nos tocan sin darnos cuenta y nos inspiran sin argumentos.
Que regocijadas en tu pecho hacen que brilles como ellas,
que nos abraces y nos contagies con tal sentimiento;
porque eres bella y tierna, fuerte y ágil por el gran ser que llevas dentro.



REFRESCOS, ENFERMEDAD… Y GANANCIA

Abel Pérez Zamorano

México ha desplazado ya a Estados Unidos como primer país consumidor de refrescos: 163.3 y 118.1 litros por persona al año, respectivamente (Reforma, 17 de octubre), esto según estudios recientes de la Food Industry Development Centre y la Universidad de Yale, divulgados por organizaciones de la sociedad civil, como Alianza por la Salud Alimentaria y El Poder del Consumidor, y basados también en datos de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH, 2010). El aumento en el consumo de refrescos y el de azúcar vienen juntos; por ejemplo, una botella de 600 mililitros de Coca Cola contiene el 51 por ciento de la ingesta diaria necesaria. Consumimos mucho más que las 2000 calorías recomendadas por los médicos. Asimismo, entre 1999 y 2006, la energía consumida en bebidas cargadas de carbohidratos aumentó al doble en adolescentes y al triple en adultos; en general, como señalan los expertos, se han venido desplazando los alimentos sanos para abrir paso a las mercaderías de las transnacionales de hamburguesas, pizzas, refrescos, sopas sintéticas, pastelería, etc., con el consecuente daño a la economía del pueblo: según encuesta del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), entre 1984 y 1998, el gasto familiar en refrescos se elevó en 40 por ciento.

Las consecuencias en la salud no podían ser más desastrosas. Somos primer lugar mundial en obesidad infantil, y segundo en adultos (siete de cada diez sufren sobrepeso u obesidad), y se ha disparado la morbilidad en diabetes: quince millones están afectados por ese mal, con una de las tasas de muerte más elevadas en el mundo por esa causa; anualmente se realizan 60 mil amputaciones de pie diabético. En el estudio de la Secretaría de Salud (Dirección General de Información en Salud) “Las 20 principales causas de mortalidad en México, 2000-2010”, aparece como primera de ellas la diabetes mellitus, y con un crecimiento verdaderamente aterrador: en el año 2000 se registraron 46,614 defunciones sólo por esa variante del mal; en 2005 fueron 67,159, y en 2010 la cifra saltó a 82,964; durante todo el período, como causa individual provocó un incremento de 78 por ciento en fallecimientos, y respecto al total de defunciones, pasó del 10.7 al 14 por ciento, consolidando su primer lugar.

Los niños son un sector altamente vulnerable a estas irracionales tendencias del consumo; se les atrae con saborizantes que generan adicción y necesidad de ingerir mayores cantidades de los alimentos y bebidas chatarra; por ejemplo, investigaciones serias han encontrado que los refrescos no producen saciedad. De esta forma, hay que subrayar, de paso, el hecho, de la mayor relevancia, de que se ha prostituido a la ciencia de la Química, como a las demás, al ponerla al servicio del capital, para generar necesidad y demanda de esas mercancías, en lugar de contribuir a la satisfacción de necesidades verdaderas del hombre.

Consumo de refrescos, un problema en México.
Pero en este drama hay un evidente ganador: las empresas refresqueras, entre las que destaca Coca Cola, que tiene en México al principal consumidor en el mundo, con el 28 por ciento del mercado de bebidas no alcohólicas; y va por más, pues durante 2010 fuimos el segundo mercado con mayor crecimiento en ventas de esa transnacional, entre los 206 países en que opera: 11 por ciento de sus ventas totales a escala global (El Economista, 5 de mayo de 2011). Pero las refresqueras no disfrutan solas de los beneficios de toda esta mortal dulzura: comparten sus beneficios con las empresas farmacéuticas, también transnacionales, que venden fármacos para curar los males causados por las primeras; y también las vendedoras de aparatos, equipo, ropa especial y muchas otras “maravillas” e inventos del hombre blanco para bajar de peso. O sea, que en el afán de ganar lo más posible, aquéllos venden porquerías para enfermar y engordar a los mexicanos, y éstos venden otras porquerías para “curarlos” y “adelgazarlos”. Y la televisión pone su parte, pues mediante la publicidad contribuye a la desenfrenada compra de basura alimenticia, anunciando a los que causan y a los que supuestamente curan la enfermedad, y promoviendo un desenfrenado consumismo; más aún, agrega su parte, inmovilizando a millones de personas frente al televisor. Según la agencia Ibope AGB, cada mexicano permanece en promedio 4 horas y 45 minutos al día viendo televisión, siendo los niños y adolescentes los sectores más dañados, incluida de paso su salud mental.

A las ya expuestas agréguense otras consecuencias, a cual más desastrosas, entre ellas, una severa caída en la productividad laboral, pues aumenta el ausentismo, y las personas enfermas rinden menos en el trabajo; se ve asimismo mermada la capacidad deportiva de nuestros jóvenes y se reduce el número de quienes están en condiciones físicas de practicar y destacar en algún deporte (a ello debe añadirse la gran carencia de espacios para esa actividad). Por otra parte, se eleva el gasto público y familiar en atención y servicios médicos y hospitalarios, en detrimento del nivel general de bienestar de las familias, que se ven en la necesidad de destinar mayores recursos a la atención de sus enfermos.


En fin, por lo antes expuesto, es una necesidad impostergable que el Estado abandone su criminal actitud omisa y complaciente ante las grandes empresas productoras y vendedoras de alimentos y bebidas chatarra, y que asuma una posición de verdadera defensa del pueblo, haciendo valer las leyes que le protegen, o promulgando otras; y si por ello las grandes transnacionales ven mermadas sus utilidades, siempre será mejor colocar en primer lugar la salud y la felicidad del pueblo. Mas si el Estado no lo hace, la sociedad, principal afectada, debe adquirir conciencia y exigir un alto a esta barbarie, que mata a más personas que la violencia misma.

México, D.F, a 23 de octubre de 2012

(Tomado del muro de Abel Pérez Zamorano)

Momentum

Aldonza Hudson

Apresuradamente como olas en escape se anidaban en mí.
Dentro, mi corazón sentía el mundo en un instante.

Yo había recorrido el universo y, quizás, fue en esa mirada fugaz
donde el amor tomaba de la mano a la melancolía.

Con las hermanas angustias perseguidas de esperanzas que,
preñadas de un futuro rebelde, jovial, añejado de historia,
de cambio y revolución  gritaban sin cesar.

Sí, aún recuerdo las brasas de ese aliento:
abrazan, queman, funden, forjan.

Esa noche es mi testigo y las estrellas fieles brillan.
El aire nos cobija y la luna sonríe.

El tiempo guarda ese momento;
juntos lloramos y  gritamos.

¡Oh! esa mirada fugaz
envuelta en ese vestido verde,
que desciende al compás del sonoro canto
y que secuestrando mi alma,
ha leído el alma de este pobre poeta.


El Meztizo. Oswaldo Guayasamin